Aunque uno de los refuerzos más importantes que obtenemos a la hora de realizar cualquier deporte es la realización de deporte en sí, no es el único. Existen muchos deportes donde entran en juego otros aspectos, como puede ser el poder de superación, la mejora de marcas u otros factores que nos permiten seguir avanzando y poder llegar a tener sesiones óptimas de entrenamiento. En el ciclismo cuenta todo ello, por lo que, según sea nuestro nivel de exigencia, podemos sufrir las consecuencias de nuestros esfuerzos por mejorar.

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Por ello, existe el término burnout del deportista, que aunque se puede aplicar en muchos tipos de deporte, el ciclismo es uno de los que más lo saca a relucir. De esta manera hablamos del Síndrome del Ciclista Quemado, que no es otro que el producido por un exceso de presión o estrés por conseguir mejorar nuestras habilidades a base de entrenamiento. La carga física y psicológica, así como la gestión que realizamos de ella, serán claves para determinar la experimentación de este síndrome.

Síndrome del Ciclista Quemado

Aparece tras un periodo de estrés generado por factores deportivos, que suelen provocar un sobreesfuerzo a nivel físico y mental del deportista. Si bien es cierto que unas dosis medias de estrés son buenas para mantenernos activos y esforzarnos por conseguir nuestros objetivos, una carga demasiado alta puede provocar los efectos contrarios, además de alejarnos del bienestar físico y psicológico que todos pretendemos encontrar.

El Síndrome del Ciclista Quemado se produce cuando este estrés se vuelve crónico, y genera una serie de consecuencias negativas sobre nuestro cuerpo que nos impiden conseguir nuestros objetivos de mejora. Esto produce una frustración que, mantenida en el tiempo, puede ser muy perjudicial. También puede estar provocado por lo contrario; no tener suficientes desafíos motivantes como para avanzar en nuestro trabajo deportivo.

¿Cómo prevenir el Síndrome del Ciclista Quemado o Burnout del ciclista?

Una de las mejores maneras de evitar pasar por ello es activar los mecanismos de prevención cuanto antes, pues solo así podremos esquivarlo sin experimentar sus características negativas. Para ello, puedes seguir estos consejos y añadirlos a tu plan de entrenamiento general:

No te exijas retos imposibles o muy difíciles de conseguir

Este primer consejo suele olvidarse con mucha frecuencia, sobre todo por aquellos deportistas muy exigentes o que les gusta entrenar al máximo. Durante todo nuestro entrenamiento, y especialmente si estamos empezando la temporada, deberemos marcarnos objetivos muy escalonados, de manera que podamos ir adquiriéndolos poco a poco sin necesidad de sufrir demasiada presión por ello. Debemos tener en cuenta, además, que nuestro cuerpo no siempre está en las máximas condiciones, que el clima no puede ayudar, o simplemente que nuestras ganas no siempre serán las mismas. Todo ello deberá ser revisado a la hora de establecer los objetivos de cada día, así como los objetivos a largo plazo.

Los descansos también son importantes, pues permiten que nuestro cuerpo y nuestra mente descanse y, gracias a ellos, podremos volver a la carga con mayor eficiencia.

Fijar unos objetivos realistas y darle la importancia que tienen los periodos de descanso puede ayudar a esquivar el Síndrome del Ciclista Quemado, contribuir a un mayor disfrute de nuestras sesiones y acercarnos al bienestar personal.

Existe tiempo para el ciclismo, y también para otras aficiones

Alternar la realización de ciclismo con otras aficiones personales supone un muy buen consejo a la hora de prevenir este síndrome, pues evita que focalicemos toda nuestra atención en nuestras sesiones de bicicleta y ayuda a disfrutar de esos descansos mentales tan necesarios. Concedernos tiempo para todo nos aporta una ricura de experiencias que nos van a acercar al bienestar personal.

Por ello, es importante jugar con nuestra vida deportiva y personal, haciendo que las dos tengan su presencia en nuestros días.

No permitas que tu síndrome te haga parar de pedalear

Quizás este síndrome te demande un descanso ciclista, pero no debemos dejar que nos separe de nuestra bicicleta definitivamente. Si creemos que estamos en proceso, podemos visitar a un especialista que nos ayude a superar el síndrome y nos permita aprender a fijar metas coherentes y trabajar la gestión de nuestro esfuerzo, de manera que podamos volver a disfrutar de las ventajas que nos da el ciclismo.

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Créditos Foto: torwai